16.6.09

DE DIABLOS, DIABLICOS Y OTROS SERES DE LA MITOLOGÍA PANAMEÑA


No puedo evitarlo. Sueño llegar de madrugada a la vieja casa en Santiago. La calle cubierta de una neblina húmeda, estancada. Los grillos compitiendo en su canto oscilante con la vibración regular del farol blanco verdoso que ilumina la escena como en un vieja película de terror inglesa. Y no puede faltar: un perro tinaquero que pasa silencioso, perdiéndose en la noche.

Entro a la casa oscura y la luz del patio que entra por una ventana me guía entre los muebles de siempre. Cascabeles y golpes, como manotazos, se escuchan en el patio. A lo lejos, muy a lo lejos, canta un gallo.

Me asomo y los veo, algunos de pie, otros sentados en viejos taburetes: un grupo de hombres disfrazados de diablos horrorosos, discutiendo en un idioma infernal de bufidos y gruñidos. El olor a guarapo es intenso. Con seguridad, me acerco al más espantoso mientras el silencio se apodera de todos y de un manotazo le arrebato el bastón.

En ese momento despierto, agitado con la imagen de los pies del Diablo Mayor: no usa zapatos, pues tiene pezuñas, patas de animal.


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La tradición de los diablos perteneció a mi familia la primera mitad del siglo XX. Mi bisabuelo, artesano dedicado, confeccionaba las máscaras de los Gran Diablos y, a su vez, era un reconocido bailador. Mi bisabuela cosía la vestimenta de los diablos, así como polleras y otros trajes típicos. Mi abuelo y sus hermanos, aún jóvenes, participaban en los trabajos requeridos, que no eran pocos. Pero, en algún momento, todo se detuvo. La tradición se perdió. Por alguna razón que aún no he podido dilucidar, abandonaron la costumbre. Podría decirse que el espíritu de los diablos abandonó esa casa de artistas, músicos y artesanos. Mi bisabuela siguió haciendo polleras, montunos y otros trajes, pero nunca volvió a confeccionar trajes para Gran Diablos. Y las máscaras nadie volvió a hacerlas, pues de un momento a otro los diablos dejaron de bailar en Santiago de Veraguas.

Años después, alguien le pidió a mi bisabuelo que volviera a organizar los bailes. Lo llevaron ante un grupo de muchachos pero, decepcionado por la falta de seriedad e interés, y quizás un poco por su personalidad muy severa, pronto abandonó el proyecto. Mis bisabuelos murieron en la década de los setenta, a una edad avanzada, y con ellos desapareció definitivamente la tradición de los Gran Diablos en Veraguas. Aunque no murió allí. Aún se celebra en otros pueblos del interior de Panamá. En algunos se ha hecho por cuatrocientos años en una tradición traida por los españoles y que en América se enriqueció notablemente con la influencia indígena y negra.


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El origen del baile de los diablos se ha perdido en el tiempo. Aunque diablos, caretos, correfuegos y otras criaturas similares son comunes en toda la Península Ibérica, la estructura del baile que conocemos hoy en Panamá es de origen catalán (según el folclorista español Joan Amades, las referencias escritas más antiguas que conocemos son del siglo XII, varios siglos antes de que la Iglesia Católica instaurara la celebración del Cuerpo de Cristo), pero el trasfondo es tan antiguo como la humanidad misma, con elementos comunes a todas las culturas: es la lucha entre el bien y el mal por el poder, por la luz, por el fuego que hará que, quien lo controle, domine el mundo. Por eso se celebra hoy el día de Corpus Christi, a mediados de junio, con el climax de la representación en pleno mediodía del solsticio de verano boreal.

Así, diablos, arcángeles, el sol del mediodía durante el día más largo del año como trofeo (el sol en su poderosa plenitud), un toro salvaje de origen evidentemente mediterráneo y otros animales con cualidades humanas, son usados como símbolos de esa lucha eterna entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad. Eso era lo que se hacía en el Santiago de Veraguas de mis mayores hace setenta años y más. Es lo que hoy se hace en la Villa de Los Santos, en Portobelo, en Parita, en Garachiné y en todos los lugares, en Panamá o donde sea, en que los Diablos salen a tomarse el mundo.

No es una simple danza, tampoco una obra de teatro medieval o de educación religiosa como hemos querido racionalizar. Es la expresión de un temor que llevamos por dentro, un temor antiguo enraizado en nuestra humanidad, y que sólo podemos tratar de evadir representándolo, en este caso, con la danza de los diablos y todas esas luchas entre el bien y el mal.


Fotos por el autor durante el Corpus Christi en La Villa de Los Santos en 1994. De arriba abajo, izquierda a derecha: Gran Diablo, el Torito Guapo, la Montezuma Cabezona, las Mojigangas, la Danza de los Gallinazos, las Danza de las Enanas y la Danza de la Montezuma Española.

6 comentarios:

Songo dijo...

Descubrir de dónde venimos, enfilarnos para dónde vamos.
En este horadar la roca de los misterios ancestrales, se enriquece (enriqueces) lo que somos HOY.
Como te comenté con el reportaje del Diablo TUN TUN, esta es una veta en la que nos encontraremos con el oro que palpita en nuestro Ser.

José Luis RODRÍGUEZ PITTÍ dijo...

Así es, más allá de la historia oficial, de las intrigas entre países y los grandes intereses políticos y económicos de escala mundial, hay una cultura enraizada en la gente que habita nuestras ciudades, nuestros pueblos del corazón de la República.

Incluso en este polo Panamá-Colón, Caribe-Pacífico, donde todo parece tan efímero, valioso únicamente en la medida en que sirva para cerrar una transacción comercial, ese Panamá profundo palpita en la gente.

Por desgracia, no hay suficientes estudios, recopilaciones, análisis. Y en esto sí prima esa actitud de terminal comercial de nuestra capital. Ojalá no sigamos perdiendo nuestra cultura. Ojalá la estudiemos y, como bien dices, encontremos ese oro que llevamos por dentro, esa identidad valiosa que nos define.

Sones Profanos dijo...

ese hilo que parece que nos une a pesar de los estados nación que pretenden separarnos.

en el norte de Argentina, también se usan máscaras similares y se relizan danzas de ese tipo... que te hacen volar!!! como los documentales de Prelorán

Hola José Luis... acá Eliana Belén desde Mar del Plata, Argentina...

salud!

Minotauro dijo...

Jose Luis,

Un comentario: en la Villa nos referimos a la danza como La Montezuma Española, en femenino. El género lo da la palabra "danza", que está tácita: la Danza de la Montezuma Española.

Anny dijo...

He encontrado tu sitio, en medio de una gran red de sitios, y me llamo la atencion el nombre de Piel de Tigre!
Creo que tengo mucho que leer, me encanta los temas que veo tienes por aqui..tienes una nueva paisana, lectora y seguidora!
Enhorabuena!
saludos!

danae dijo...

Me encanto leer tu escrito sobre los diablicos, interesante leer algo relacionado con nuestra cultura y muy representante de nuestra patria. He vivido fuera de Panama por 23 largos anos y me parece que se deberia escribir mas sobre el tema para futuras generaciones.
Intersada en el Festival de San Francisco...!
Desde lejos
Danae